domingo, 19 de diciembre de 2010

El deber del dolor (I)

Ser médico es la divina ilusión de que el dolor sea goce; la enfermedad, salud y la muerte, vida. (Gregorio Marañón)


Échale huevos, compañero. Que el dolor sea goce y luego criticarán el masoquismo y otras zarandajas. Menos mal que habla de ilusión y que yo a Gregorio Marañón le respeto mucho, aunque después de la lectura de uno de sus libros decidí que no era para mí. Le respeto porque el tipo vivía de acuerdo con sus creencias (muy religioso, él) y eso siempre me parece digno de mención y admiración. Pero no aguanto que metan a Dios en esto. Porque lo que mete a un dios de por medio, sólo sirve para los que creen en él. No se puede explicar un hecho simplemente con un "cuando (póngase el nombre del dios de turno) quiera". No se puede mirar a un señor que está enfermo, desgañitándose en una cama con (si tiene suerte) su familia y amigos alrededor y decirle... "Sí, ya sé que está usted sufriendo, pero porque lo está mirando con una mala perspectiva, sienta el placer del dolor. Cada grito es de gusto, todos los médicos le envidiamos, por eso pasamos siglos investigando para crear calmantes, pero a la hora de la verdad... ni uno, oiga."

Y sé de lo que hablo y no me lo invento.

Y mucho ojo que esta entrada no viene a decir que hay que inflar de calmantes y sedantes a nadie que no quiera. Pero, a los que quieran, por favor.

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