viernes, 15 de abril de 2011

Bulgaria: curiosidades (I)

¡Ay, ay, ay!

Pues sí que les tengo abandonados. Ya me van a perdonar. 

No sé dónde me quedé ¡ay! ¿qué les tenía que contar? ¿Las mejanas? ¿los estudiantes? ¿y Baba Marta? ¿y el 8 de marzo? Me van a faltar días al final... quizá debería quedarme un poco más.

Les hablé del sistema y del colegio, que no es poco. Pero me dejé lo mejor, que lo mejor son ellos: los alumnos. O quizá debería decir las personas, así en general. Porque si algo hay que reconocer a este país es que la gente es bastante guay. A ver, guay a la manera no ibérica de ser guay, de los Pirineos para arriba. Guay de "Algún día deberíamos tomarnos un café" y claro, una tiene como lengua materna el español y todos sabemos que eso en español significa: "quizá si nos cruzamos y eso, pero vamos que nada fijo". Empiezo a sospechar que aquí, en Bulgaria, cuando te dicen "vamos a tomarnos un café" es en serio. Pero es que lo dicen una vez y ya y así una no sabe muy bien cómo comportarse ni qué hacer. Porque ¿y si en ese momento me va mal? Tú dices: "Tendrá que ser otro día, porque hoy no puedo" Y ya está liada, oyes, que parece que no quieras verles... En fin... Nosotros (yo se lo cuento por si no se habían dado cuenta) somos un poco más diferentes. Los jóvenes más alcohólicos y abiertos a las invitaciones, insistentes incluso; al menos, eso creo. Los mayores... pues no me meto, cuando llegue a sus edades comento :P.

Luego está el tema de las caras, que es complicado. ¿No se han fijado? En lo hispánico sonreímos (aunque no sonriamos) mucho más, con el borde de los labios, la comisura se levanta un poco. Aquí no. Ni un poco. A no ser que te conozcan (y te quieran saludar). Si te conocen sí, son unas sonrisas amplias, amplias. Aunque, en la mayoría de los casos si no te conocen y les hablas también te sonríen de pa' dentro (que decía un colega amigo mío); a veces no, claro, pero bordes hay en todas partes. Y cuando te conocen un poco, aunque sea de ir siempre a la misma tienda, son muy agradables y te preguntan y tú sonríes o dices "da,da" (sí, sí) y casi nunca aciertas con la respuesta, porque es algo más complicado y a ti te suena a búlgaro que es lo que es y la lengua que no entiendes.

Escena
Los de undécimo hacen teatro. ¿Necesitan que les diga algo más? Con patatas ¡me los comía con patatas! Tenían que haberlos visto interpretando la versión libre que hizo una de sus profesoras del Lazarillo de Tormes. La ilusión, las ganas... Como más me gustan son a poquitos, porque cuando son muchos la mayoría se calla y no es tan divertido. Katerina se pega unas conversaciones de no te menees, dándole veinte patadas al diccionario, pero qué culpa tiene ella si en búlgaro el infinitivo no existe y se lía y o conjuga todos los verbos o no conjuga ninguno... Y Elitsa, Ivanka, Tsvetelina, Magda, Boriana, Borislava, Petko, Jorge (en cuanto se llaman Giurgiu se cambian el nombre, yo tampoco lo entiendo), Kaloian (hay un montón de Kaloianes), Martin, Desislava, Radina, Ivelina (que no me deje a Ivelina), Guergana, Bobo, Véselin, Iveta, Tsveta, Johanna, María y Yuliana y tantos otros que no menciono, pero que tienen nombres igual de complicados (o más) que los anteriores. Otra curiosidad, las listas de clase aquí van por el nombre y con el alfabeto búlgaro, claro, que tiene la v detrás de la b para no perderla.

Y de verdad, de la buena, que si no llega a ser por ellos, yo me hubiese cogido las maletas hace un montón de tiempo. 

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