domingo, 14 de noviembre de 2010

El coste de las becas

A raíz de un artículo enviado a El País por una lectora anónima me he quedado pensando en lo duro que es esto del extranjero.
Porque claro en esta sociedad empeñada en creerse el culo de Europa salir es estupendo, es de valientes, es de aventureros, de locos, también. En definitiva, es bueno. Yo no sé si es bueno o no. Sé que a mí me sirve y eso me basta. Pero me es difícil. No puedo compartir esto con las personas que quiero. Gracias a la tecnología es verdad que es más fácil, pero todos sabemos que el roce es el roce y los olores todavía no llegan por Internet.
Un extracto que me ha llegado al alma: "Somos la generación que va a llevar a España a cotas nunca antes conocidas de desesperación, de frustración, de angustia, de parturientas añosas, de abuelos que van a tener que aprender chino o inglés para preguntarle a sus nietos -por skype- de qué color es la bici que piden a los Reyes Magos en casa de los abuelitos y que les va a llegar por correo."
Quizá me comprendan. Hace 40 años la emigración española buscaba ganarse el pan porque en España no se podía. Las situaciones económicas y sociales eran bien distintas y la gente cogió las maletas para vivir en los peores sitios, trabajando de lo que otros no querían y vamos, porque no había más cojones. Hoy nos pasa lo mismo, mientras millones de personas preparan sus maletas y sueñan con una mejor vida en España para hacer exactamente lo mismo que hicimos nosotros antes, a los jóvenes no dejan de contarnos lo bueno que es ir fuera, lo que se vive, lo que se ve, las posibilidades de futuro... Y no seré yo quien diga que mienten, pero el "drama" de abandonar un lugar que uno quiere es siempre el mismo. Tengo alumnos aquí que tienen a sus padres en España, padres a los que ven dos veces al año con un poco de suerte. Échale huevos. Y luego me dirán que la crisis es ganar 2000 en lugar de 3000 euros. Que tenemos que despedir gente porque no nos llega.
Y nosotros los hiper-preparados jóvenes españoles, hijos de nuestros padres, haciendo maletas porque tanta preparación no tiene hueco en nuestro país. Y ¿saben qué? Nuestro país se lo merece por seguir creyendo que somos el culo de Europa, por mirar al resto con la boca abierta pensando que son mejores y no ver todas las cosas buenas que tenemos. ¡Maldita tierra de nuevos ricos! Que por tener monedas, nos creemos millonarios. El tintineo es siempre tentador, ¡qué le vamos a hacer! Pero es una riqueza (y la crisis lo ha venido a demostrar) completamente falsa. Es una riqueza que no asegura el futuro. El carpe diem de la estupidez. Ya me dirán...
¿Quién tiene huevos ahora de pedir que se invierta en educación? ¿Para qué?
Porque no se engañen, tanto español por el mundo no se debe sólo al gusto que tenemos por viajar y conocer. A muchos les gustaría estar dentro como están fuera. Pero no se puede, porque cuando tienes una licenciatura, un máster, hablas cuatro idiomas y has hecho cientos de cursos que abarcan desde la literatura medieval al crecimiento personal ver a tu jefe pagarte según convenio (convenio basurilla, todo hay que decirlo), explotando tus habilidades informáticas y lingüísticas, luciéndote cuál mono de feria y chupando todo tu tiempo por el horario laboral impuesto, jode. Jode porque él que tiene exactamente los mismos títulos que tú, que habla solo español, viste trajes de Armani, lleva a sus hijos al colegio más caro de la ciudad, se pega un mes de vacaciones en una villa mallorquina (ojo que son cinco más la tata, a 200 euros el vuelo directo, vayan sumando), tiene 3 (¡tres!) casas y 3 (¡tres!) coches a saber: BMW, Mini (con todos los extras) y un Mercedes más grande que mi habitación, cobra aproximadamente ocho veces lo que tú, joven aventurera.
Y luego una habla con sus amigas ya profesoras y te cuentan que sus alumnos no estudian, que pasan, que no les interesa... ¿Y cómo les dices a los chavales que merece la pena?
Mi generación será la generación super-preparada con los sueños jodidos pero que todavía cree, porque así nos lo han contado, que se puede hacer algo y que se merece cosas buenas por su trabajo; los que vienen, esos niños que se sientan en su sofá, que tienen tantos juguetes que nos les caben en la habitación, ellos formarán parte de la generación sin futuro, porque no merece la pena esforzarte porque no se consigue nada.
¿Apocalíptica? Deseo equivocarme y trabajo para poder leer esto y reírme de mi pesimismo. De verdad que sí.

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