jueves, 17 de febrero de 2011

Vivir batiendo el cobre

   El primer post de este blog nació para otro blog; cuando, al tiempo, decidí crear una nueva clasificación para mis publicaciones (al fin y al cabo eso es lo que es esto) busqué un título que me gustara. A la vuelta del mundo podría interpretarse como "al regreso del mundo" un estado de soberbia con el que no comulgo. Gracias a que alguien ya había copado este dirección, tuve que buscar un nuevo nombre que permitiera acceder a este compendio (no quiero poner más etiquetas); encontré la expresión batir el cobre en la web de la Fundación de la lengua española y me gustó. Las dos acepciones, tanto "intentar una cosa con mucho empeño" como "disputar con mucho acaloramiento", reflejan bastante bien dos de mis cualidades (o defectos). El "vivir" se lo añadí, como una declaración de intenciones, no para los lectores sino para mí misma.

Las cosas se ven borrosas
si una corre demasiado
   Y es que... me cansé. Me cansé de agachar las orejas y temer dar mi opinión; de suavizar, con edulcorantes ficticios, ideas tajantes; y comencé este blog.
   Ocurre que en esta dicotomía entre luchar o dejarse llevar a veces olvido lo divertido que es hacer las cosas bien. Lo que se dice currárselo. Admiro profundamente a la gente que lo hace sin pensar, que no está tres días dándole vueltas a si sí o si no, que tienen claro el objetivo (esto es uno de mis "imposibles") y van a por él. Las personas que más me gustan, esas personitas que me rodean y me hacen feliz, tienen bastante de esto. No todas claro, menudo coñazo sería eso, pero un gran número. El caso es que a mí a veces se me olvida, no sé cómo, pierdo el norte, el objetivo, la brújula y cualquier indicador. En esos momentos todo se vuelve un aburrimiento, el mundo se me cae encima y todo pasa despacio, como en una película de los cincuenta. Y yo no sé ustedes, pero a mí lo de vivir triste no me acaba de convencer. Sé que hay momentos para estar triste, pero triste e inactiva, me parece mucho.

    Uno de los libros en los que tengo metida la nariz habla de superación en la aplicación en educación de la teoría de la homeostasis, según la cual "los animales y lo humanos prefieren evitar el estado de activación e intentan estar constantemente en un estado más estable" (M. Williams y R.L. Burden, Psicología para profesores de idiomas, Edinumen, Madrid, 2008, página 122). Pues lo mío es un poco igual; estar quieta me  aburre y demasiada actividad me desestabiliza. Como ya dije una vez, quien me entienda que me compre. Pero, como los griegos bien sabían, en el medio está la virtud y creo que de eso se trata: estar aquí y ahora y estar bien.


No dejen nunca de compartir
su tiempo (y todo lo demás)
Estar aquí y ahora. En septiembre del 2009 me independicé, empecé un máster presencial y seguí trabajando (a media jornada) en el despacho en el que llevaba seis meses como secretaria. Lo que supone la independencia, creo que se lo imaginan (compartiendo piso, además); lo que supone iniciar un máster y encontrar a personas interesantes, también; así que no les aburriré con eso. Sólo quiero que entiendan la ocupación diaria a la que me enfrentaba. Recuerdo hablar con amigos y decir: "es que voy superliada, no tengo nada de tiempo". Antes de acabar el máster, me inscribí en las oposiciones de secundaria, así alargué el estrés vital, un mes más. Luego vinieron la ampliación del contrato, la operación de mi padre (una semana de hospital en cantoculo), festivales, vacaciones en Barcelona (haciendo un curso de teatro), el reto de marcharme de España a buscarme la vida, un máster online... y cuando me di cuenta le estaba diciendo a una amiga: "tía, es que voy superliada, no tengo tiempo". 
    Dar la misma excusa (aunque sea verdad) dos años seguidos, no mola. Sobre todo porque significa que algo no se está haciendo bien (o que no se quiere hacer, pero en este caso aseguro que quería pasar tiempo con ella). No sé cuándo volveré a tener todo el tiempo disponible para hacer sólo lo que yo quiera. De hecho, dudo que vuelva a pasarme. Se acabaron los veranos de tres meses sin ninguna responsabilidad. Estar aquí y ahora significa precisamente eso: estar aquí (donde sea) y ahora (con lo que sea) e intentar hacer lo que de verdad quiero en el tiempo que puedo. No me entiendan mal, no soy ninguna supermujer. De hecho (y muy a mi pesar) se me acumula la ropa sucia, los emails sin responder, los libros para leer, los cursos a hacer, las fantasías a hacer realidad... No puedo hacerlo todo, no tengo la capacidad para ello. Y me jode. Pero más me jode no saber de alguien en seis meses porque he dejado para el día siguiente (que nunca llega) mandarle un email o llamarle. Pueden cambiar saber de alguien por preparar un tema de la oposición o apuntarme a clases de alemán. Son todo cosas que quiero hacer. Sólo tengo que darles el tiempo.


  Ahora me van a perdonar, pero me he extendido mucho ya en esto. Otras cosas requieren mi atención. Eso sí, les confirmo que explicar en este blog el porqué de "vivir batiendo el cobre", hacer una entrada sobre la importancia de moverme sin revolucionarme y otra sobre la idea de crecer (que anda por ahí escondida) quedan oficialmente tachados de la lista.

  Sean felices. Vivan según sus ideas. Es la única manera.

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