lunes, 21 de febrero de 2011
Voy a dejar de fumar
jueves, 17 de febrero de 2011
Vivir batiendo el cobre
| Las cosas se ven borrosas si una corre demasiado |
| No dejen nunca de compartir su tiempo (y todo lo demás) |
Dar la misma excusa (aunque sea verdad) dos años seguidos, no mola. Sobre todo porque significa que algo no se está haciendo bien (o que no se quiere hacer, pero en este caso aseguro que quería pasar tiempo con ella). No sé cuándo volveré a tener todo el tiempo disponible para hacer sólo lo que yo quiera. De hecho, dudo que vuelva a pasarme. Se acabaron los veranos de tres meses sin ninguna responsabilidad. Estar aquí y ahora significa precisamente eso: estar aquí (donde sea) y ahora (con lo que sea) e intentar hacer lo que de verdad quiero en el tiempo que puedo. No me entiendan mal, no soy ninguna supermujer. De hecho (y muy a mi pesar) se me acumula la ropa sucia, los emails sin responder, los libros para leer, los cursos a hacer, las fantasías a hacer realidad... No puedo hacerlo todo, no tengo la capacidad para ello. Y me jode. Pero más me jode no saber de alguien en seis meses porque he dejado para el día siguiente (que nunca llega) mandarle un email o llamarle. Pueden cambiar saber de alguien por preparar un tema de la oposición o apuntarme a clases de alemán. Son todo cosas que quiero hacer. Sólo tengo que darles el tiempo.
lunes, 31 de enero de 2011
Bulgaria: mi lugar de trabajo (I)
| El instituto |
Tenemos dos cafeterías, una fuera y otra en el sótano, a precios populares, por supuesto y una máquina de café en la planta baja. Y es que aquí hay máquinas de café en todas partes. Del instituto al centro he contado 5 o 8 según el camino (veinte minutos, la mitad por parque).
miércoles, 26 de enero de 2011
Jugando con la lengua :)
Bulgaria: Introducción
| Vista de Ruse 1 |
| Vista de Ruse 2 |
| Imagen del cartel de la exposición de Salvador Dalí en Sofía |
| Vista de un menú trilíngüe: búlgaro, inglés y rumano |
domingo, 19 de diciembre de 2010
El deber del dolor (I)
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Antes de nada, hay que preparar el sofrito.
Coja fotos de su infancia o de la de sus hijos, recuerde los motivos de cada sonrisa (sirve también cualquier otra etapa de su vida)
Observe los pequeños elementos decorativos o útiles que tiene cerca y que le hacen sonreír cuando los mira. Ya sabe, el muñeco horrible que salió en un Roscón de Reyes y casi le parte un diente al tonto de su cuñado, la caja que le regalaron cuando cumplió 17 años...
Coja su agenda de teléfonos (el móvil sirve) y lea cada nombre y párese con los que sonría y corra con los que no.
Si es hora, dese un capricho alimentario (sólido o líquido), pero un poquito nada más no se vaya a empachar.
Luego salga a la calle. Fíjese en la gente. Fíjese en los ancianos. Fíjese en los adultos. Fíjese en los jóvenes. Fíjese en los niños. Fíjese en todos y cada uno.
Ahora fíjese en los animales. El canario enjaulado en el balcón de la izquierda y el perro que acompaña al señor mayor. No se olvide del gato callejero que salta entre los arbustos. Y no deje de fijarse en las personas.
Ahora añada los edificios. Los relieves, las formas, los materiales, las decoraciones tan personales de las casas, fíjese bien en todo.
Se dará cuenta de que es imposible. No puede mirarlo todos con atención. Siempre algo se escapa.
Si todavía no ha encontrado una sonrisa, una expresión, una situación, una imagen, en definitiva, que le haya permitido recuperar la esperanza, siga buscando, debía tenerla el tipo en el que no se ha fijado.
